La transformación digital es un concepto que está de moda, que utilizamos con distintos significados en función de las responsabilidades que tenemos cada uno dentro de una empresa (hacer foco en IT para los de tecnología, digitalizar los puntos de contacto para las áreas de marketing y comercial, formación en herramientas digitales para recursos humanos o eficiencia y digitalización de procesos para las áreas corporativas). En el fondo es un concepto que utilizamos cuando sabemos que nos pasa algo pero no estamos seguros de lo que es… como cuando nos duele la cabeza y la garganta y tomamos un ibuprofeno sin tener claro el origen del dolor pero asumiendo que los calmará. Se trata de una forma de cubrirnos, de garantizar que la situación actual de nuestra compañía puede mejorar porque le aplicamos la solución, el ibuprofeno que está de moda: la transformación digital.

Pero, ¿por qué no nos atrevemos a decir las cosas como son? Adaptarnos al cambio que el contexto actual nos provoca es el auténtico problema que hoy en día nos planteamos, transformar lo que hemos venido haciendo para conseguir los resultados que nos gustaría. No va de tecnología, no va de rediseño de servicios, no va de identificación de nuevos modelos de negocio… esto va de gestión del cambio. Como diría Simon Sinek el resto son “que” y “como”.

Y si lo realmente necesario es garantizar la eficiencia y el desarrollo de negocio de las organización aprovechando la digitalización, la variable a colocar en el centro es como gestionamos el cambio que esto implica. Porque asumir esto implica poner a las personas en el centro, ver cómo podemos liderar y acompañar al equipo en este proceso. Y este proceso tiene tres planos distintos y un punto previo.

Primer plano: organización

El primer impacto es como alineamos a la organización, como trabajamos la cultura corporativa para poder asumir los cambios que el momento actual nos genera, con estilos de liderazgo compartido, líquidos y basados en la meritocracia.

Segundo plano: equipo

Y en segundo lugar como aterrizamos eso a los equipos, al trabajo colaborativo y cercano, a huir de las dinámicas de “hacer lo que siempre hemos hecho” y focalizarnos en explorar, en conectar con el entorno.

Tercer equipo: la persona

Y finalmente centrarnos en la persona, en su desarrollo profesional, en sus actitudes y aptitudes por encima de sus conocimientos, en ayudar y focalizar que se lidere y crezca más allá de las estructuras.

Punto previo: la visión

Y sin duda el paso previo es visionar, identificar la ruta que aunque ahora está menos clara de lo que siempre había estado, que ahora es más incierta que la seguridad que creíamos tener antes, sin duda es la clave para poder gestionar el cambio. Y lo cierto es que poner la etiqueta de #transformación digital en el fondo no contribuye a esta claridad sino que nos provoca más incomodidad.

 

Le llamamos transformación digital cuando en el fondo queremos decir… que nuestro negocio funcione, que las personas que lo ejecutan estén alienadas, que seamos eficientes, atractivos para el mercado…