Todavía me acuerdo cuando hace ahora 20 años estudiaba el MBA en ESADE y los viernes por la mañana teníamos clase de organización (ahora la moda haría que se llamara talento) y recuerdo los casos y discusiones acerca de cómo retener al talento. Y ya entonces reconozco que me costaba entenderlo… ¿cómo se puede retener a alguien que no quiere estar en un sitio?

Y han pasado los años y seguimos usando este concepto como el santo grial antes un entorno de cambio constante y de velocidad imparable donde el talento se siente libre para moverse y donde parece que cuando alguien se va de una empresa lo hace porque, entre otros motivos, no ha sabido retenerle la empresa.

Así que ahora reivindico un cambio de paradigma, un cambio de conceptos y dejar de usar la palabra retener para usar palabras como crear, acompañar, ayudar, generar, abonar o liderar talento. Algunos me diréis que es lo mismo y yo seguiré diciendo que no.

Retener el talento parte de un concepto defensivo (que no se vayan), de un paradigma por el cual en otro sitio pueden estar mejor y es necesario protegernos para que no se marche, así que a partir de actitudes y comportamientos, a veces paternalistas, nos protegemos ofreciendo sueldos, compensaciones, formaciones o cargos quizás por encima de nuestras posibilidades, pero nos aterra quedarnos sin este talento.

En cambio crear, acompañar o liderar talento tiene una mirada proactiva, un compromiso con uno mismo para generar la visión, el entorno, el proyecto y las condiciones para que el talento se comprometa. Y se comprometa hasta que quiera, porqué si, quizás en un momento dado se marchará, decidirá que para él, para su carrera, para su momento vital el compromiso está en otra parte. Y no pasará nada.

Retener talento implica un compromiso asimétrico, implica que las dos partes no están en posición de igualdad o no tienen el mismo compromiso, no ejercen su libertad como yo la entiendo. En cambio cuando generamos, acompañamos y creamos el espacio para el talento la relación se convierte en simbiótica, el pacto es entre iguales y el compromiso también.

Pero no es fácil en un entorno competitivo, en un entorno basado en el like, en la posición, en la sensación de quedarse atrás, en este entorno es difícil generar estos acuerdos simétricos, y quizás imposible con todas las personas con las que trabajas, pero peor es pasarte el día pensando en como retener a tu equipo, cuanta energía perdida y que pocas oportunidades generadas.

No tengo la receta mágica, pero si tengo mis ingredientes:

 

  • Asumir la responsabilidad cuando te toca liderar de plantear un proyecto sólido, que te creas, que estés dispuesto a luchar por él y con la capacidad de transmitirlo a todo tu equipo. El talento espera compromiso.
  • Tratar a tu equipo como lo que es, talento (muchas veces mejor que tu mismo) y que por lo tanto puede y debe construir el entorno en el qué desarrollarse.
  • Ayudar al talento a crecer, a liderarse a si mismo, incluso cuando decide que quiere irse (¿de verdad no podemos acompañar al talento a mejorar y prosperar cuando por el motivo que sea quiere hacerlo?)
  • No desfallecer (por ejemplo en el sector de la consultoría hablamos de rotación de equipos a veces del 20%, y eso tiene un coste en energía, en emoción, en tiempo altísimo, pero forma parte del acuerdo simétrico.
  • Escuchar, actuar, no dejar que las cosas se pudran esperando que alguien vendrá a solventarlas, siendo sincero y directo desde el primer minuto. Si estamos en plano de igualdad mejor ejercerla.

 

Seguiré luchando por cambiar el concepto, por dejar de usar “retener” y disfrutar conceptos como “crear, ayudar, acompañar, liderar”, pero sobretodo desde la mirada de pacto simétrico, de responsabilidad compartida y de compromiso.