Cuando hablamos de economía colaborativa la mayoría pensamos en Airbnb o Uber, a pesar de que en realidad estos dos casos son la punta del iceberg de lo que podríamos definir como consumo colaborativo y que es una realidad mucho más amplia. Tratando de encontrar una definición diríamos que todas estas iniciativas se basan en compartir entre iguales bienes infrautilizados teniendo como soporte el uso de internet. Por lo tanto se trata, como citan expertos en este ámbito, de un modelo basado en la economía del acceso y no en la economía de la propiedad.

La historia nos muestra que cada vez que se incorpora un nuevo elemento a la red o a través de ésta, los negocios y la producción varían. Y la economía colaborativa no es una excepción. Esta nueva manera de consumir va más allá del compartir, implica reutilizar y ahorrar, implica plantear economías no basadas en tener la propiedad de un objeto sino en disfrutar del uso de éste y, por lo tanto, implica un nivel de servicio y de expectativa más exigente que en modelos de economía tradicionales.

Y como todo fenómeno que arranca y que no sigue las reglas pre-escritas sino que usa la disrupción como base de su crecimiento plantea grandes retos de futuro. La economía colaborativa genera debate ya que pone en cuestión el modelo de economía establecido y genera un sentimiento de amenaza procedente de la antigua economía y de sus lobbies. La regulación, por lo tanto, es uno de los principales retos que tiene por delante y que nos obligará a estar muy pendientes de la evolución de los modelos dado que será necesario diferenciar entre aquellos donde si existe un ámbito lucrativo (como aquellos que convierten productos en servicios, AirbnbUber serian ejemplos) y que por lo tanto exigirán regulación, de aquellos donde el elemento principal es conseguir un objetivo o bien común (grupos de compra colectiva, redes de intercambio de sofás para dormir durante os viajes o plataformas de intercambio de tiempo por servicios) que tenderán más a la autorregulación.

Estamos ante un cambio clave en los modelos económicos que, con independencia de cuales sean las plataformas, empresas o actores que las protagonicen y que sobrevivan en los próximos años, parece evidente que ha venido para quedarse.

Artículo de opinión publicado en el Diari Ara el pasado 28/11/2015 en su especial 5º aniversario