“Siempre he dicho que si llegase el día en el que no pudiera cumplir con mis deberes y expectativas como Presidente Ejecutivo de Apple, sería el primero en hacéroslo saber. Por desgracia ese día ha llegado.” Con estas palabras el pasado miércoles 24 de agosto el fundador y máximo directivo de Apple comunicaba que dejaba su puesto al frente de la compañía. Sin duda Steve Jobs es uno de los ejecutivos más conocidos, seguidos, estudiados y analizados en los últimos años.

Escribir un artículo de opinión cuando un gran directivo deja una compañía, como Apple, implica correr el riesgo de escribir una nota necrológica, tanto para el personaje como para la compañía. Y en este caso el riesgo es evidente. En los últimos años la imagen de Jobs y la de Apple han sido prácticamente la misma en muchas ocasiones, con el riesgo que eso supone para el futuro de la compañía de la manzanita. Y los mercados parecen ir, al menos en las primeras horas, en esa línea, con un descenso del valor de sus acciones de un 5%.

Lo cierto es que el adiós de Steve Jobs implica un fin de etapa, un cambio de ciclo por cuanto ninguno de sus posibles sucesores han demostrado su mismo carisma en público. Pero no debería implicar el final de una compañía que, después de 35 años, se sitúa como líder en el ámbito electrónico, teniendo la segunda mayor capitalización bursátil del mundo y líder, sin duda, en innovación tecnológica de consumo.

No es la primera vez que Jobs se retira, aunque sí la primera que lo hace con tanta publicidad. Ya lo hizo hace unos meses reapareciendo en junio pasado cuando presentó el iCloud (vídeo), un nuevo sistema en la nube de Apple, en momentos en los que sus rumores de retiro arrojaban dudas sobre el futuro de la compañía. La vida de Jobs está plagada de retos y momentos difíciles que nos permiten entender el carácter de este líder. Destacan la noticia de un cáncer terminal que superó contra todo pronóstico y que, como el mismo afirmaba, le provocó un cambio en cómo afrontar su día a día, y en segundo lugar su despido, en 1985, de Apple, la compañía que creó.

Su historia con Apple arranca junto a Steve Wozniak, cuando la fundaron en 1976. Fecha clave es el 24 de enero de 1984 cuando Jobs presenta el primer ordenador comercial con interfaz comercial gráfica (para entendernos, con escritorio), el Apple Macintosh, inaugurando una nueva forma de hacer marketing a través de las presentaciones de productos (que años más tarde recuperaría con el iPhone, el iPod o el iPad). Aunque la presentación de la novedad no pudo esconder una realidad: la fuerte personalidad y el carácter obstinado de Jobs, dicen los que han trabajado con él, que acabó con su despido de la compañía que había fundado.

Lejos de quedarse inactivo en los años siguientes a su salida de Apple, el carácter hiperactivo e innovador de Jobs le llevó a comprar y hacer crecer una productora de dibujos animados por ordenador, Pixar, con la que produjo (junto a Walt Disney) películas como Toy Story. Al mismo tiempo fundó NeXT Computer para desarrollar nuevos ordenadores y sistemas operativos. Y en 1996 Jobs volvió a casa cuando esta compañía fue adquirida por parte de Apple. A partir de ese momento llegó la época dorada de Apple con una revolución con sus sistemas operativos y ordenadores, el desarrollo de reproductores de música como el iPod, la creación del iPhone, y finalmente el iPad. Sin olvidar el universo iTunes (recordemos que es el principal vendedor de música en la red) o el mundo de las aplicaciones.

Y es en este contexto que asaltan las dudas sobre el futuro de la compañía, ligada de forma necesaria a Jobs en los últimos años. Cierto es que el qué hasta hace unas horas era el máximo directivo de la compañía no dirigía las operaciones ni desarrollaba los nuevos productos, pero sí representa el carácter innovador y luchador de la marca, ganador y con voluntad de superación. Se abre un nuevo periodo para la marca, ansiado por parte de la competencia que veían en Jobs un activo difícil de igualar por parte de sus compañías. La duda es saber si el valor de la marca y el beneficio que transmiten sus productos serán suficientes como para conseguir que desaparezca la sombra de Jobs. Duda de respuesta difícil aunque seguramente con un guion marcado, centrar más la atención y los esfuerzos en los productos y en los beneficios y no en la figura del líder, difícilmente nadie podrá igualar, al menos en breve, la fuerza de Jobs.

Artículo publico en Cinco Días, el 26 de agosto de 2011